Cultura
Este
concepto ha servido para más de un fin; cultura es un lugar de enorme tensión.
Es una producción simbólica (material o no). Se la debe entender como prácticas
culturales y no sólo como bienes culturales. La alta y baja cultura no da
cuenta de los procesos culturales híbridos.
La Cultura
está relacionada a la memoria social. Debe ser entendida en plural; es
cambiante y de tensión permanente. No se puede hablar de una sola cultura, que represente a todos los ecuatorianos: “cultura
nacional”, pues hay culturas y contraculturas. En el marco de la Cultura, es estratégico el
diálogo de saberes ancestrales; las memorias y los registros permiten
desarrollos humanos concretos. Es vital relacionar la cultura con la vida
cotidiana de sus gestores culturales. El trabajo comunitario, la convivencia
con la naturaleza, entre otros, reflejan esta necesidad y realidad. En
conclusión, la noción de cultura no sólo debe abarcar objetos, sino prácticas y
procesos que institucionalizan la cultura y dirigen los derechos culturales. La
cultura tiene una dimensión material, simbólica e inmaterial.
Identidad
Según los estudios antropológicos y sociológicos, la
identidad surge por diferenciación y como reafirmación frente al otro. Aunque
el concepto de identidad trascienda las fronteras (como en el caso de los
emigrantes), el origen de este concepto se encuentra con frecuencia vinculado a
un territorio. “La identidad cultural de un pueblo viene definida históricamente a
través de múltiples aspectos en los que se plasma su cultura, como la lengua,
instrumento de comunicación entre los miembros de una comunidad, las relaciones
sociales, ritos y ceremonias propias, o los comportamientos colectivos, esto
es, los sistemas de valores y creencias (...) Un rasgo propio de estos
elementos de identidad cultural es su carácter inmaterial y anónimo, pues son
producto de la colectividad”.
La identidad
tiene relación de pertenencia con la producción cultural. No es un fin en sí
mismo, sino que se explica en su relación, en su hibridez; es decir, la
identidad no es un lugar fijo, sino un lugar de fluidez e hibridación. La
cosmovisión occidental ha considerado a la identidad como algo estático, como
un lugar de llegada. Por ello se debe hablar de un Estado Plurinacional desde
la cotidianidad (“y desde el corazón o shunku”).
Plurinacionalidad
La
Plurinacionalidad parte de los conceptos de Subordinación, Discriminación y
Exclusión. La negación cultural se basa en lo social, cultural y económico.
La Plurinacionalidad
es la capacidad de la sociedad para reconocer la existencia de varias culturas.
Hay que superar la colonialidad y la modernidad. Se debe descolonizar las
mentes, pues nadie es dueño de la verdad. Estima que ya no se puede hablar de
“razas”, pues dicho concepto es un mecanismo de control que induce a pensar que
hay alguien superior (inferiorización del individuo). Las razas solamente
existen para los animales. La occidentalización de las personas ha sido un
mecanismo de control y dominación ya
que con la Constitución
se reconocen los derechos colectivos.
Interculturalidad, plurinacionalidad y Multiculturalidad
La
interculturalidad es una utopía. El concepto de Interculturalidad parte del
“ser, hacer y saber”. Los valores se convierten en la “Ética” cuando están
insertos en la cotidianidad, es decir, cuando las personas se enfrentan a la
sociedad y se relacionan entre sí. Eso es parte de la Interculturalidad:
el reconocer (de igual a igual) y tolerar (entre diferentes) a los demás. Hay
que reconocer al otro en sus diferencias. Todos somos iguales y diferentes al
mismo tiempo (unidad en la diversidad). Nadie es igual, pero hay que
reconocernos como iguales.
La
interculturalidad aún no existe, se está construyendo. Es una construcción oral
entre el Ethos (uno mismo) y varios (los demás). La construcción de la
interculturalidad no es entre el que sabe y el que no sabe, sino entre personas
iguales que han vivido experiencias diferentes.
Además para hablar de la interculturalidad, es necesario partir del reconocimiento
indiscutible de que el tesoro escondido de los ecuatorianos, está en la
“diversidad de las expresiones culturales”, materializaciones e idealizaciones
que son exteriorizadas de manera diversa por cada uno de los pueblos y
nacionalidades indígenas, población afrodescendiente, mestizos, montubios y
otras colectividades, definiendo así que cada colectividad constituye una
cultura, si insistimos en hablar en singular (cultura) estamos refiriéndonos a
una comprensión de cultura como sinónimo de “lo culto”, denominación que por sí
sola es excluyente, elitista y homogenizante. Sobre la base de este
reconocimiento, es necesario pasar de la enunciación en singular a la
enunciación en plural, es decir como “culturas”.
Por otra parte, no es
posible fomentar la interculturalidad sin afianzar la intraculturalidad o las
identidades culturales diversas, tampoco se puede hablar solamente de los
principios de equidad e igualdad sin incluir el reconocimiento de las
diferencias, porque la igualdad se puede entender como un principio de
monoculturalidad y de monolingüismo, consecuentemente el acceso laboral en las
instituciones de Estado, de educación superior, entre otras, seguirá como en la
actualidad una lógica de polarización cultural asimétrica, es decir, “solo para
iguales en cultura y lengua”; sin embargo la política 8.4: del Plan de
Desarrollo Nacional va más allá de este modo de actuación, al enfatizar el
deseo de “Mejorar la gestión estatal de la diversidad en un marco democrático y
participativo”, en este mismo rigor las políticas 8.2: y 8.3: precisan la
necesidad de “Promover procesos de inclusión y disminución de las asimetrías
sociales y culturales de los pueblos indígenas y comunidades afroecuatorianas”
y la de “Robustecer valores, costumbres y cosmovisiones que impulsen la
interculturalidad”. Esta última política plantea justamente la lógica de,
primero trabajar en las identidades culturales diversas, como estrategia para
alcanzar y afianzar la “actitud intercultural”, y no al revés, como muchos lo
plantean enunciando solamente la interculturalidad.
Dentro de este contexto,
es hora de reflexionar críticamente el término o concepto de interculturalidad,
y no tomar como si fuese el gran descubrimiento, salvación o panacea; pueda ser
que este concepto sea uno más de entre tantos que se han desarrollado desde la
visión de los llamados modernizadores, para implementar de manera soslayada la
lógica y práctica de la globalización, libre competencia, libre mercado,
explotación; conceptos que tienen el carácter de unilaterales,
unidireccionales, lineales, elitistas, excluyentes, homogenizantes,
depredadores, que apuestan por la maximización de la ganancia sin tomar en
cuenta a la persona, por lo tanto no guardan ninguna relación con la lógica de
la complementariedad, inclusión, binariedad, formas de pensamiento paritario
que solo surgen como manifestación de una conciencia comunitaria, que es
opuesta totalmente a la conciencia individualista.
Es decir “una interculturalidad
sin intraculturalidad es como hablar unilateralmente desde una óptica machista
sin tomar en cuenta a la mujer o hablar desde la óptica feminista sin tomar en
cuenta al hombre”. Es decir, “la interculturalidad sin intraculturalidad es
como una esposa que ha perdido a su esposo”, de ahí la importancia de la
dualidad, reciprocidad y la complementariedad.
Por lo antes
reflexionado y en razón que las culturas del Ecuador estamos viviendo una
evidente crisis de identidad, es necesario reafirmar, afirmar y ratificar la “plurinacionalidad”,
como estrategia para potenciar las identidades diversas y construir una
sociedad intercultural con identidad a largo plazo, a sabiendas que la
plurinacionalidad de por sí, tiene enfoque intercultural.
Por lo tanto, no puede
haber interculturalidad sin plurinacionalidad. Esto no quiere decir que debemos
desarrollar diversidades culturales excluyentes entre sí, sino más bien, se
trata de construir la unidad en la diversidad; como señala Edgar Morin “En
todas las cosas humanas, la extrema diversidad no debe enmascarar la unidad, ni
la unidad profunda enmascarar la diversidad: la diferencia oculta la unidad,
pero la unidad oculta las diferencias. Hay que evitar que la unidad desaparezca
cuando las diversidades aparecen, que las diversidades desaparezcan cuando la
unidad aparece”.
Las culturas cada vez más se conocen entre sí, van
construyéndose así mismas en contacto permanente con otros.
En
definitiva, la Interculturalidad no habla sólo desde identidades étnicas, sino
desde la heterogeneidad. La multiculturalidad es más estática y presume la
existencia de una hegemonía cultural; en cambio la interculturalidad no sólo es
la etnia, sino que hace visible la diferencia
como singularidad de los seres humanos, lo que incluye los saberes, las
prácticas y el conflicto (éste último visto como un potencial, más no como un
problema). Lo importante es cómo la gestión de la cultura debe ser
intercultural, lo que implica establecer diálogos entre culturas: “es vital
propiciar un diálogo intercultural”.
Para
los andinos, el mundo es una totalidad
viva. No se comprende a las partes separadas del todo, cualquier evento
se entiende inmerso dentro de los demás y donde cada parte refleja el todo.
Este mundo íntegro y vivo es conceptuado como si fuera un animal, semejante a
un puma capaz de reaccionar con inusitada fiereza cuando se le agrede. La
totalidad es la colectividad natural o Pacha;
comprende al kay, uku, hanan y hawa pacha, así también al conjunto de
comunidades vivas, diversas y variables, cada una de las cuales a su vez
representa al Todo.
Estas
comunidades se encuentran relacionadas a través de un continuo y activo
diálogo, reciprocidad y efectiva redistribución. Cada comunidad es equivalente
a cualquier otra; todas tienen el mismo valor, ninguna vale más y por lo tanto
todas son importantes, merecen respeto y consideración, en la concepción andina
esto se expresa cuando se reconoce que todo es sagrado, es sagrada la tierra
(Pachamama = madre tierra, aunque etimológicamente sería tal vez más exacto “Señora
del tiempo y el Espacio), los cerros, (Apus, Apachitas), las estrellas, el sol, la luna, el rayo, las
piedras, nuestros muertos, los ríos, lagunas, los seres humanos vivos, los
animales y las plantas, no sólo las cultivadas sino también las silvestres.
Ricardo Pomavilla
Activista Cultural de la Dirección Provincial del Cañar